Pastor Eleazar Seguel: 71 años de ministerio al servicio de Dios

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SEMBLANZA DE UN GRAN HOMBRE DE DIOS

El Pastor Presbítero Eleazar Seguel Cabezas nació en la ciudad de Temuco, según inscripción del Registro Civil en 1916.  Cuando niño sufrió un grave accidente al caer desde un camión, con pérdida de masa encefálica, que le arrebató la vida, siendo declarado muerto por el médico que lo asistió.   Su madre, María, imploró al Dios Altísimo, que le devolviera la vida a su pequeño.   No se sabe cómo fue ni cuánto duró esta oración, pero Dios escuchó a esta mujer y en una muestra de su enorme poder, hace un gran milagro y vuelve a palpitar el corazón del infante que ya tenía 6 horas de muerto.  Aún así el médico que había certificado la muerte del pequeño, diagnosticó que sufriría graves secuelas que lo aquejarían por el resto de su vida -la que sería muy breve-y una carga para sus familiares.  Comienza una recuperación muy lenta que duraría varios años, en los que su madre atendió a su pequeño agradeciendo siempre al Señor por este gran milagro.

Ya el niño estaba creciendo y comienza a convertirse en un activo participante de la Iglesia de Temuco, que en esos años era administrada por el Pastor Luis Pincheira.   A la edad de 8 años, al ir camino a la Iglesia, escucha una voz fuerte y benigna que le dice: “Tu vas a ser Pastor”, a lo cual reacciona un poco confundido, continuando su camino al templo.    A los 17 años se convierte en Oficial de la Iglesia de Temuco.  En lo secular, se desempeña en diversos oficios, lo que le permitió sustentarse económicamente y ayudar a su madre.   En esta época es nombrado Jefe de la Juventud y organiza las juventudes de las Iglesias de la ciudad de Temuco, como la  Alianza Cristiana Nacional y la Metodista, entre otras.   Es en estas actividades que conoce a la señorita Raquel Córdova Montero, integrante de la Iglesia Metodista, contrayendo matrimonio el 13 de enero de 1945 y formarían una feliz familia compuesta por Hellmuth, Tirza, María, José, Heber, Egla y Wilson.

 

El hermano Eleazar estaba dedicado al comercio, consolidándose económicamente con un buen pasar junto a su esposa y primer hijo cuando en el año 1947, se realizaba la Conferencia Anual de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile en la ciudad de Temuco.   Camino a su trabajo escucha la misma voz que le habló cuando era niño; pero esta vez le dijo: “Apúrate que poco tiempo te queda en estos menesteres”.   Ahora, su reacción fue diferente porque tembló por temor a Dios.  Fue en esa misma Conferencia que escuchan sus nombres junto a su esposa para ser presentados al pastorado, designándoles la localidad de Lautaro, donde se hacen cargo de una pequeña congregación de aproximadamente 15 hermanos.   Ciertamente fue muy difícil comenzar el trabajo ministerial, había mucho que aprender, y mucho trabajo que hacer.   Durante este tiempo comenzaron la obra con mínimos recursos, amparados sólo en la misericordia de Dios.   Había que dejar atrás las comodidades a la que estaban acostumbrados y tenían que adaptarse a vivir por la fe.

En esta localidad permanecieron hasta el año 1949, para luego ser trasladados a Traiguén, donde continuarían el esforzado trabajo pastoral junto a 25 hermanos que, al cabo de un año ya eran el doble.   Posteriormente, en el año 1953, son enviados a la ciudad de Angol.   Allí serían testigos del gran terremoto del año 1960, que prácticamente destruyó todo el sur del país, así también el templo que era de adobe, la casa pastoral y la mayoría de los hogares de los hermanos.  Había muy pocos recursos, el país en ese momento se encontraba en una profunda crisis económica y no se podía esperar mucha ayuda del Estado, sin embargo, en medio de la catástrofe, el pueblo cristiano no fue abandonado por Dios.  El Pastor Eleazar que era Presidente de la Confraternidad de Pastores de Angol, realiza diligencias con las autoridades civiles de la época y consigue terreno para los hermanos de la Iglesia y también para los hermanos pertenecientes a las otras denominaciones.   En estos terrenos se levantaría la primera población de evangélicos de Chile que hasta el día de hoy se llama “Población Evangélica de Angol”.   Todo esto gracias a la misericordia de Dios y a la visión y tenacidad de este sencillo Siervo.   Un día, Dios le ordena al Pastor Eleazar arrodillarse y elevar una oración. Así, en medio de las virutas de un pequeño taller, Dios le dice: “Desde ahora te voy a empezar a bendecir”, promesa que hasta el día de su muerte se cumplió.

Con el correr del tiempo, la Iglesia de Angol sería reconocida como una Iglesia floreciente y bendecida, donde se construyó un hermoso templo cuyo costo fue resultado de muchos desvelos, lágrimas y paciencia.   En el año 1964, recibe la orden de las autoridades eclesiásticas de la época, donde se les trasladaba a la ciudad puerto de San Antonio.   Estos fueron momentos que no comprendían, ya que su trabajo de Angol estaba bien realizado pero en actitud de obediencia, un 24 de julio de 1964, en un lluvioso día, llegan a esa ciudad.

En San Antonio había mucho trabajo que hacer.  Tenían que sembrar la Palabra de Dios en un territorio que abarcaba desde Algarrobo hasta Pupuya, en la comuna de Navidad.   Así comenzó el trabajo de evangelización y empezaron a predicar en los campos.   Ya estaban viendo frutos y la adaptación a estas tierras y a su gente era casi completa.   Luego vendría el gran proyecto de construir un nuevo templo de material sólido, para albergar a todos los hermanos que ya eran ganancia de este nuevo ministerio y para todos los que por fe llegarían.   En el año 1981, el Obispo Mamerto Mancilla inaugura este nuevo templo que sería el más grande de la provincia pero en el año 1985, un terremoto azota a esta región destruyendo la mayoría de las casas y edificios, incluyendo el templo.   Nuevamente había que vencer la adversidad y “En el nombre de nuestro Señor Jesucristo”, comienza un trabajo maratónico que demoró un año en reconstruir todas las clases y locales, reinaugurando el templo matriz en 1987.

En su vida ministerial, el Pastor Seguel, se caracterizó por un estilo de predicación directo y lleno de la presencia del Espíritu Santo, donde entregaba “La exhortación de la Palabra de Dios” desde su ‘trinchera’ como llamaba al púlpito de la Iglesia.  Conocido y respetado por el mundo cristiano evangélico, ocupó altas funciones dentro de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, entre ellos: Vicepresidente de la Misión, Superintendente de las Iglesias en Argentina, Jefe de Sector, entre otros.

Su prestigio sobrepasó las esferas del mundo cristiano, nombrándole la comunidad de San Antonio en 1995 el título de “Hijo Ilustre”; asimismo, el Congreso Nacional en el año 2011 lo reconoce en el Día Nacional de las Iglesias Evangélicas, otorgándole un galvano como figura a nivel regional.  Estas son sólo algunas de las muchas distinciones que recibió en vida.

Con más de 100 años de edad, siguió predicando hasta el final de su jornada por Amor a Aquel que un día lo sanó y restauró para usarlo como su Siervo.

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