Historia de Himnos | Nº 311: ¡Oh amor de Dios!

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Autor: Frederick Martin Lehman

El poeta evangélico Frederick Martin Lehman quedó muy impresionado con un sermón acerca del amor de Dios y mientras se alistaba para ir a trabajar, empezó a componer el himno entre canastas, naranjas y limones.

Escrita en 1917, en la ciudad americana de Pasadena, entre canastas, naranjas y limones, la alabanza “Oh amor de Dios”, obra del poeta cristiano Frederick Martin Lehman, constituye una potente e intensa marca en la historia de la música evangélica. Una señal que, con más de una centuria de historia, se mantiene de pie como un añejo roble que irradia el afecto del Creador. Lehman, nacido el 7 de agosto de 1868 en Alemania, fue un fiel creyente quien a través de la música consolidó su amor y entrega al Todopoderoso.

Respecto al origen de esta centenaria oda, los historiadores cristianos dan cuenta que el autor seguidor del Altísimo, un domingo por la noche, quedó muy impresionado con un sermón acerca del amor de Dios. Y fue tal la emoción de Frederick Martin, quien emigró a los Estados Unidos a la edad de cuatro años, que según revelaciones de sus biógrafos aquella noche le fue imposible conciliar el sueño. Entonces, a la mañana siguiente, mientras se alistaba para ir a trabajar, Lehman empezó a componer un himno centrado en el amor del Salvador.

Obrero de una empacadora de frutas, Frederick Lehman a lo largo de su jornada labor fue redactando, poco a poco, una serie de dos estrofas sobre un trozo de papel. Luego, al llegar a su casa, se sentó frente a su piano y musicalizó los versos que había creado. Sin embargo, en aquella época una canción congregacional debía tener al menos tres estrofas y fue por ello que empezó a buscar un viejo poema que graficaba el amor de Dios y que lo había conmovido. Al encontrarlo, Lehman completó de forma milagrosa su creación.

Convertido al cristianismo a los once años, Frederick estudio para ser ministro del Altísimo en el Northwestern Colleg de Illinois. Una vez ordenado, fue pastor en los estados norteamericanos de Iowa, Connecticut, New York y Missouri. Gran parte de su existencia se dedicó a escribir canciones dedicadas a exaltar la fe en el Señor. Al respecto, se estima que publicó alrededor de un centenar de himnos y compiló cinco himnarios. En 1911, se trasladó a la ciudad de Kansas donde contribuyó de forma decidida en la fundación de la Nazarene Publishing House.

En años recientes, se reveló que la tercera estrofa de “Oh amor de Dios”, incluida a última hora por Frederick Lehman, fue escrita aproximadamente a mediados del Siglo XI por el poeta judío Meir Ben Isaac Nehorai, quien fue capaz de graficar en palabras la gran ternura del Redentor por la humanidad. Bajo el manto de la fe, el texto del vate israelita se preservó cerca de novecientos años y, luego de ser encontrado en la pared de una celda, llegó a las manos de Lehman. Un suceso por demás milagroso.

Reconocido como un gran referente de la música sacra del siglo veinte, Frederick Martin Lehman falleció el 20 de febrero de 1953 en la ciudad de Pasadena, ubicada en el estado americano de California. Hombre de fe, tras marcharse al reino del Todopoderoso, dejó una huella de amor que hasta el día de hoy es empleada por los fieles de Jesucristo para reforzar su alianza espiritual con el rey de reyes. Una señal que se hizo canción entre canastas, naranjas y limones y tomó el nombre de “Oh amor de Dios”.


Letra Himno “¡Oh amor de Dios!”

I. ¡Oh amor de Dios! su inmensidad

El hombre no podría contar,

Ni comprender la gran verdad,

Que Dios al hombre pudo amar.

Cuando el pecar entró al hogar

De Adán y Eva en Edén;

Dios les sacó más prometió

Un Salvador también

Coro

¡Oh amor de Dios! brotando está,

Inmensurable eternal;

Por las edades durará,

Inagotable raudal.

II. Si fuera tinta todo el mar

Y todo el cielo un gran papel,

Y cada hombre un escritor

Y cada hoja un pincel.

Nunca podría describir

El gran amor de Dios,

Que al hombre pudo redimir

De su pecado atroz.

III. Y cuando el tiempo pasará

Con cada reino mundanal,

Y cada reino caerá

Con cada trama y plan carnal.

El gran amor del Redentor

Por siempre durará;

La gran canción de salvación

Su pueblo cantará.

Letra original. En nuestro himnario es el N° 311


Recopilación de información: Corresponsal Mario González Ney