“Dios conoce tu futuro” Testimonio hermana J.Macarena Araya, Iglesia de Illapel

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En respuesta al amor que Dios me ha demostrado,  quiero compartir con ustedes por primera vez parte de una etapa de mi vida donde obtuve una respuesta fehaciente  que  tocó mi ser por completo y ahora sé que el Dios  en quien  he creído es verdaderamente  admirable.

Tengo la dicha de tener una familia la cual desde pequeña me inculco valores cristianos que incentivaban el seguir a Cristo.  En especial mi tía que también es una como una madre para mí, es quien siempre desde pequeña mi guió para nunca desligarme del evangelio. Sin embargo, llegó el momento a mis 12 años, donde ella decidió dejarme tomar mi propia decisión de ir o no al templo. Pasaron dos años más y a mis 14 años decidí aceptar la amistad que Jesús me ofrecía y ha sido una de las decisiones más importante y eminente que tomado y tomaré en mi vida.

En plena adolescencia por lo general, tal cual como lo dice la palabra uno adolece, se presentan pensamientos difusos, que nos hacen desequilibrarnos y así en ocasiones a dudar del amor de Dios. Es tan normativo que eso ocurra y eso precisamente lo viví, pero Dios tenía y tiene planes para mi vida y comencé a abrazar esa esperanza aunque mi mente mil veces al día  me dijera que Dios me había olvidado.

En sí mi adolescencia, a pesar de mis dudas, fue entregada a Dios y si tuviese que volver a elegir no dudaría en solicitarle a Dios que me hubiese aparatado de todo lo que el mundo ha puesto a mis pies. He estado  proclive al error, pero hoy tengo la certeza que la bondad de Dios me ha amparado hasta de mis propios errores.

Cuando cursaba 3°medio comencé a orar a Dios en una dirección  específica que era mi futuro. En ese momento le pregunté  a Dios, ¿Cuál es mi ruta desde ahora? Y como Dios es bueno, me respondió y comencé a barajar distintas alternativas. Siempre me gustó el periodismo, mi  ideal era un día ser una gran reportera de noticias. Luego pensé en la pasión que siento por los animales me preparé para estudiar medicina veterinaria, pero deserté al momento de darme cuenta que no podría tolerar ver y sentir el sufrimiento de un animal. Quedaba tan poco tiempo para salir de 4° medio que comencé a desesperarme por no haber definido mi orientación vocacional. Pero, Dios no sabía olvidado de mí, él siempre estuvo guiándome y no podía percibirlo. A mi puerta llegó sin esperarlo una notificación de la Universidad donde me mandaban de manera personalizada una malla curricular de psicología. Cuando la vi, reí y dije; porque me mandaron esto, si ni por la mente se me ocurrió estudiar esta carrera. Ya esta situación era extraña y cuando eso pasa es porque hay un ser supremo (Dios) que está trabajando de manera silenciosa.

Descarté inmediatamente  la oferta de todo lo que me proponían porque siempre supe que la mayoría de los psicólogos no creen en Jesús. Pero, Dios comenzó a reforzar la sensación que inquietaba mi  corazón al decirme que esa era la respuesta que buscaba. Angustiada  le pregunté a Dios porque no podía seguir el periodismo y Dios mediante una hermana, que ya no está con nosotros, me señaló que mis pensamientos no son los de él. Cuando acepté la respuesta que yo le había  pedido a Dios asumí que se venía un proceso difícil porque me enfrentaría al gigante que siempre ha querido derribarme la fe que he puesto en Jesús.

Dejé mi lugar en la Iglesia, mi familia y  decidí irme a la ciudad de Iquique donde Dios ya tenía todo planificado. Comencé a estudiar psicología y con ello el proceso donde mi fe  sería probada. Con esta decisión dejé a varios preocupados, familia e incluso hasta mis pastores quienes oraron por mi vida.

Pasaron los años y claro que tuve que enfrentarme a distintas situaciones que pusieron en cuestionamiento mi opción de creer en un Dios que no puedo ver. Me enfrenté a la teoría aquellos que de frente invalidaban la existencia de Dios y ahí supe lo que muchas veces escuché; para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo (1 Pedro 1:7).

Tengo que reconocer que los planes de Dios son perfectos, aun así enfrentándome a mis propias convicciones. El Dios en quien creo me otorgó la oportunidad de tener profesores que aun no creyendo mantuvieron su postura de respeto. Mis compañeros, mi círculo  más cercano con los cuales se estrecharon lazos de amistad, aun siendo algunos ateos, agnósticos, etc.,  no cuestionaron mi certeza de creer en un Dios que físicamente no se puede ver, pero había otra cosa más fuerte e influyente a la vez que hacia enfrentarme a mi realidad. Mi mente, mis pensamientos, la cantidad de preguntas que teóricos me hacían, pidiéndome muestras empíricas de la existencia de Dios.

Fueron años de mi vida que tuve  que aprender a defenderme de mi propia mente, pedí ayuda Dios aunque sabía en mi fuero interno que si él me había mandado aquel lugar, no me dejaría sola. Durante ese proceso, viví, escuché, leí y me enfrenté a un sinfín de cuestionamientos, pero nunca olvidé en quien he creído y que la fe verdadera es como el amor único que no se puede remover si esta cimentada en roca.

Soy psicóloga y mi fe en él se hizo más fuerte porque sé que el Dios en el cual creo es real, de lo contario durante mi proceso hubiese sido más fácil darle la espalda, ¡pero no! ¡Sé en quien he creído!

Ahora con mis años de experiencia en el mundo la psicología he comenzado a dar respuestas aquellas interrogantes que en ese momento le hacía a Dios. Sin duda ahora miro atrás, y no puedo haber escogido mejor.

Mi profesión me ha permitido conocer casos de todo tipo, aquello que nunca imaginé escuchar, ver y sentir. Ahora comprendo que en esa necesidad es donde Dios quiere reflejar su amor. Hoy existe una necesidad imperiosa en la humanidad que tiene  hambre de creer en alguien y es ahí donde uno como cristiano debe estar presente. Hay distintos métodos que Dios utiliza para atraernos y el milagro más grande en mí es el que me haya dado la salvación por medio de esa cruz la cual me ha enseñado amar.

Yo clamé, y él me respondió y a pesar de mi mente, mi corazón siempre confió, y mi alma siempre estuvo asegurada en la amistad y el pacto que había entre Dios y yo. Tengo 5 años de experiencia como psicóloga y llegó el momento donde debía desafiar llegar a correlacionar la fe y la psicología. Basándome en Hebreos 11  Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Para la gloria de Dios hoy cuento con mi primer libro,  el cual fue inspirado en escribirlo justamente cuando pasaba por una difícil etapa en mi vida. Dios en medio de la desilusión decidió ocuparme para llevar a fin este proyecto que hoy está dando sus frutos.

El libro es  una de las bendiciones de Dios. Es otro de mis triunfos de fe aquí en la tierra,  porque el otro y más grande lo esperaré tranquilamente el día en que él venga.

Le invito a que usted no deje de creer en quien le ama, empodérese de su mente y luche con sí mismo. No le dé la espalda a  Dios por nada, ni por nadie. Creer en Dios y creerle es un acto de valentía que para muchos es un mero detalle, pero piense siempre si su corazón ha sido cautivado por Dios, ni la mente, ni ninguna prueba adversa será más grande que  su bendición de abrazar la cruz.

Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

Romanos 11:36


Hermana J. Macarena Araya Guerra  | Iglesia de Illapel